Mitos sobre la Infancia |
![]() |
Muchos niños y niñas durante la infancia sienten malestar. Puede estar provocado por multitud de causas como: problemas familiares, con los amigos, con el cole, con su físico, problemas a la hora de hablar, de moverse… En la infancia también se sufre de ansiedad y depresión. No por ser un niño/a eres inmune a sufrir problemas psicológicos. Ellos, a su nivel, tienen sus preocupaciones y sus dificultades, por lo que es muy importante observarlos y si detectamos un comportamiento diferente al habitual, nos interesemos por escuchar lo que piensan y sienten, por muy absurdo que nos parezca a los adultos y aunque los problemas que tengamos nosotros sean más importantes a nuestro parecer.
Con gran frecuencia encontramos niños/as con altas capacidades que, sin embargo, tienen fracaso escolar. El motivo principal suele ser que se aburren y acaban perdiendo el interés en el temario escolar .Además su ritmo de aprendizaje es diferente, aprenden más deprisa y son capaces de manejar información más compleja, por lo que, lejos de no necesitar apoyo, es bueno que tengan adultos que puedan servir de guía y mediación en su aprendizaje. Por otra parte, en ocasiones les cuesta encontrar a otros niños que compartan sus mismos intereses y pueden incluso sentirse diferentes y excluidos. En casi todas las ocasiones tienen buenas capacidades para desarrollar habilidades sociales y mantener amistades con otros compañeros. De igual manera necesitarán a personas en su entorno que les anime y refuercen sus logros, sin pasarse en la exigencia.
Cuando un niño/a tiene un problema psicológico, éste se manifestará a través de unos síntomas que, normalmente, tanto el niño/a como su entorno notan. La mejor manera de abordar el tema es explicarle al niño/a lo que le ocurre desde su nivel de entendimiento y proporcionarle una visión positiva de su problema y una capacidad de control y recuperación, máxime si se va a poner en tratamiento. No hacerlo, sólo contribuirá a que el/la niño/a se sienta diferente, le etiqueten en el cole, no entienda lo que le ocurre, se aísle o busque atención de manera inadecuada.
Hoy en día existen muchos estudios que demuestran que reforzar de manera positiva (no sólo materialmente, también a través de actividades, palabras de alabanza, por ejemplo) surten mayor efecto a la hora de aprender y educar y además, permiten fortalecer la autoestima y facilitar que aprendan a relacionarse adecuadamente con el entorno. Pero hay que tener cuidado con cómo se formula el refuerzo, se debe concretar aquello que nos ha agradado y no usar frases generales. Siempre será mejor decir “como me gusta lo bien que has aguantado sentadita en la silla sin hacer ruido, mientras hablabas con tu profesora” que “muy bien hecho” que es más inespecífico.
Esto no significa que alguna vez sea necesario un castigo, pero hay que planificarlos bien y sacarles provecho, utilizarlos para que se aprenda algo. Dependiendo de la conducta inadecuada que se haya realizado deberemos adecuar las consecuencias. Si se ha roto algo en casa, podremos hacer que lo reponga pagándolo de su hucha. Si se ha saltado la prohibición de no ve la tv mientras se hace los deberes, podremos quitarle la televisión cuando sí se la permitamos ver. Pero de nada servirá, por ejemplo, pegarles un zote, porque no aprenden nada relacionado con la conducta a cambiar, o dejarles sin cenar o encerrarles en la habitación. Además el castigo en esas condiciones, por leve que sea, fomenta el miedo y un aprendizaje por observación donde trasladamos a nuestros /as hijos/as una manera de solventar problemas utilizando la violencia y el miedo.
Abusar del castigo en los niños provoca, con alta frecuencia la habituación, es decir, se acostumbran a ser castigados y el castigo pierde eficacia, además de la mella que hacemos en la autoestima.
Las personas nacen con un carácter que viene predeterminado biológicamente, pero no son características inmutables. La personalidad de nuestro/a pequeño/a se irá modelando y definiendo durante su crecimiento en la interacción con las personas de su entorno como la familia y los/as amiigos/as y de ello dependerá también la adquisición de sus valores, también influirá la educación y el ambiente que le rodee. Por esta razón es importante que las interacciones sean adecuadas. En la primera infancia, la familia será su punto de referencia, más adelante, empezarán a influir en su personalidad el colegio, los amigos, la televisión, etc. Y aunque cometamos errores en la educación de nuestros/as hijos/as, no implica un trauma en su personalidad, no son tan frágiles como nos pudiera parecer y la educación siempre puede redirigirse.
Los conflictos con nuestros/as hijos/as, así como con otras personas, son inevitables. Lejos de ser malos, los conflictos nos permiten poner sobre la mesa emociones y pensamientos de ambas partes y evitar confusiones. Lo importante no es que surjan, sino cómo se resuelven. Si conseguimos utilizar estrategias adecuadas para resolverlos, observaremos cambios positivos en la relación con ellos/as, y además les estaremos enseñando una herramienta muy valiosa para que más adelante la utilicen y resuelvan sus propios conflictos con éxito, Cuando evitamos el conflicto o hacemos uso de estrategias inadecuadas como el chantaje emocional, las agresiones físicas o verbales, no podemos comunicarnos bien con ellos/as provocando que la relación vaya por mal camino e intenten evitar que nos enteremos de sus actuaciones, nos mientan u oculten cosas.
Cuando nos dedicamos a indicarles a nuestros hijos/as lo que tienen que hacer, repitiéndoselo una y otra vez, con diferentes tonos de voz, sólo conseguimos que nos ignoren puesto que se habitúan a ello; o por el contrario, que acaben odiando dicha actividad. En vez de repetir un millón de veces lo que deben hacer, es mejor ponernos a ello y motivarles a que la realicen con reforzamiento positivo, consiguiendo así que esa conducta se lleve a cabo u se convierta en un hábito. En ocasiones nos tendremos que poner con ellos a iniciarla para animarles a ello, o guiarles en ello.
Cuando notamos que nuestros/as hijos/as nos manipulan de alguna manera para conseguir lo que quieren, debemos plantearnos si anteriormente han conseguido hacerlo por esa vía y nosotros mismos lo hemos reforzado de alguna manera, a veces sin darnos cuenta de ello. En muchas ocasiones se perciben como una manipulación conductas que hemos permitido o fomentado. Si fuese así, no te manipula, simplemente repite lo que les funcionó anteriormente y eso es un signo de que están sanos. Para cambiar estas conductas, habrá que implantar límites y reglas que no deben ser modificadas bajo ningún concepto y explicárselas. Ellos/as podrán aprender hasta dónde pueden pedir a partir de entonces.
Nada de lo que pueda ocurrir a tu hijo/a durante su infancia puede impedir que sea feliz. Dependiendo de lo que le ocurra, se pondrán los medios adecuados para solucionar su problema o enseñarle a vivir con él, en caso de que se no se pueda eliminar completamente. Esto no resultará fácil al principio, donde notaréis algunos cambios en cómo hacéis las cosas, pero según pase el tiempo, vuestro hijo/a irá mejorando y todo irá facilitándose. En ningún caso el/la pequeño/a tendrá que ser infeliz son nos ponemos manos a la obra, detectando su problema y buscando alternativas para intervenir en él.
